Wilín Rosario (derecha) con su hermano Jairo y su mamá, Crucita Paniagua. (W. Rosario)

DENVER -- Cuando el receptor dominicano de los Rockies, Wilín Rosario, tenía seis años en Bonao, su madre encontró el regalo perfecto -- un muñeco.

"Ibamos al patio y le quitábamos la cabeza al muñeco", recordó Rosario. "Luego cortábamos una rama de un árbol para hacer un bate y le dábamos a la cabeza del muñeco".

Rosario, los Rockies y el béisbol pueden darle las gracias a Crucita Paniagua, por darle a su hijo la base que lo ha hecho uno de los mejores toleteros de la receptoría desde que subió a la Gran Carpa -- sin ver tiempo en Triple-A -- durante la campaña del 2012.

El cátcher de 25 años de edad dijo que su madre hasta hoy en día tampoco ha dejado de ayudarle a hacer ajustes en su swing. Rosario siempre sonríe cuando piensa en su principal crítico.

"Mi mamá es mi coach de bateo", expresó Rosario. "En ocasiones nota algo que no he visto yo. Me dice que use mis manos y se enfada cuando me poncho haciéndole swing a malos lanzamientos. Me pregunta por qué le tiro a pitcheos por el suelo.

"Siempre demuestra bastante emoción, sea buena o mala. Cuando tu madre te dice algo, siempre pones atención. Comienzas a pensar que algo está mal si tu mamá te está dando consejos".

Son pocos los instructores de secundaria o entrenadores privados que puedan decir que tienen como pupilos a un legítimo cañonero de Grandes Ligas y otro posible ligamayorista en camino. El hermano menor de Rosario, Jairo Rosario, jugó con la sucursal de los Rockies a nivel de novatos en Grand Junction, Colorado el año pasado y tuvo un promedio de .242 con cuatro cuadrangulares, seis dobles, tres triples y 22 empujadas en 44 encuentros.

Pero Paniagua puede hacer maravillas con una cabeza de un muñeco y una rama.

Le dio a Wilín la base de una capacidad atlética para que las lecciones valieran la pena. Rosario dice que su padre, José Rosario, trabajó como obrero y pintor, y que no era deportista. Tampoco lo fue su padrastro, Mariano García. Los deportistas fueron su madre y los hermanos de ella.

"Mi familia me dijo que mi madre jugaba en un equipo femenino de mi ciudad", declaró Rosario, quien actualmente se encuentra en la lista de incapacitados debido a una infección viral que también ha afectado a otros compañeros en los Rockies. "Los hermanos de mi madre me han dicho que ella jugaba bastante bien. Jugaba en la tercera base y varias veces en la receptoría. Ella era la mejor bateadora que tenía el equipo.

"Entonces me llevaba al terreno y jugábamos los sábados y domingos; después jugábamos en el patio de nuestra casa".

Rosario estuvo bastante agradecido con su madre cuando lo visitó en Denver justo cuando más la necesitaba el año pasado. El cátcher llevaba promedio de .243 cuando ella llegó el 15 de junio. Desde aquella fecha hasta el final de la campaña, Rosario bateó .332, tuvo un porcentaje de embasarse de .349 y pegó 11 jonrones, 16 dobletes y un triple.

Paniagua estuvo de visita durante los Entrenamientos de Primavera este año, pero adquirir las visas para ella y otros familiares puede ser un proceso frustrante.

"Recuerdo que tuve un pequeño problema en abril, porque no le dieron la visa a mi madre, ni a ninguno de mis familiares", indicó Rosario. "No sé por qué. Pero mi madre pudo venir para los entrenamientos".

Durante el invierno, Rosario normalmente juega en la Liga Dominicana con las Aguilas Cibaeñas. Pero también saca tiempo para ser compañero de equipo de su madre.

"En la familia de mi madre, todos se criaron jugando pelota", dijo Rosario. "Cuando eran más jóvenes, jugaban béisbol, pero ahora juegan softbol. Tenemos un equipo familiar".