(Paul Bereswill/AP)

Este es un golpe muy doloroso.

Se trata de un duro revés para Matt Harvey, obviamente, y para los Mets, que han depositado muchas de sus esperanzas para el futuro en el brazo del novato.

Pero el desgarre parcial que padece Harvey en el codo derecho - una lesión que podría requerir de una intervención quirúrgica - también representa un golpe para aquellos fanáticos del béisbol que disfrutan de lo novedoso y del dominio en desarrollo.

Harvey no solamente tiene el talento para ser una superestrella, sino que también posee la personalidad indicada para asumir todo lo que eso implica. Cuando Matt Harvey está fuera de acción, aunque sea de manera temporal, todos nos vemos afectados. Sólo nos queda esperar que el diestro no tenga que convertirse en el nuevo miembro de la creciente fraternidad Tommy John.

"Cuando escuché la noticia, fue muy impactante para mí", le dijo Harvey a los medios.

Aun con los límites de pitcheos y de innings, nadie ha hallado la manera de evitar lo que le ha sucedido a Harvey, aunque sobran teorías. Los intentos por evitar una operación normalmente consisten en el uso de inyecciones de plasma rico en plaquetas. Pero esa estrategia ha dado mejores resultados en lanzadores que padecen condiciones inflamatorias o de osteoartritis que en aquellos que sufren el temido desgarre en el codo.

Lanzar una pelota desde un montículo es un movimiento antinatural, el cuerpo humano es impredecible y no hay manera de explicar por qué algunos muchachos disfrutan de carreras largas y prolíficas mientras que otros tienen que desviarse durante meses antes de volver a relevancia.

Es cierto que en abril del 2010, cuando estaba en la universidad, Harvey hizo 157 lanzamientos en un juego completo - una carga alarmante para todos los escuchas que lo tenían en la mira. Pero después de esa apertura estuvo 22 días sin pitchear y en todo momento de su carrera profesional se le ha tratado con el debido cuidado.

Los Mets fueron tan cautelosos con Harvey como lo haría cualquier club con un as naciente. En el 2011, Harvey lanzó 135.2 innings y en el 2012, entre ligas menores y Grandes Ligas, tiró 169.1. Este año, sumaba 173.1 innings en ruta a un límite que, según el gerente general Sandy Alderson, era de 210 entradas.

Se trata de un incremento en su carga de un 24.8% del 2011 al 2012 y de un 24% del 2012 al 2013. Harvey promedió 103.7 lanzamientos por salida esta temporada y no se pasó de 121 en ninguna de sus aperturas.

Son cifras bastante razonables.

Harvey reconoció que lanzó con molestias en el antebrazo durante varias semanas pero supuso que se trataba de los dolores de costumbre que suelen experimentar los lanzadores. Es importante que los deportistas demuestren el fuego competitivo que les permite brillar, pero también deben hacerle caso a lo que les dice el cuerpo.

En este momento, lo más importante es cómo los Mets lidiarán con la situación de Harvey. Se entiende el deseo de evitar una cirugía a todo costo y Adam Wainwright, quien fue diagnosticado con un desgarre en el codo en el 2004 pero no fue operado hasta el 2011, es un ejemplo de un muchacho que pudo mantenerse activo con dicha lesión durante bastante tiempo. Pero Wainwright es más la excepción que la regla y este tipo de desgarre normalmente tiene que atenderse, tarde o temprano.

Las lesiones son inevitables en el deporte, especialmente en el juego y la posición que ha elegido Harvey. En los últimos cinco años, los clubes de Grandes Ligas, colectivamente, les han pagado más de US$1,000 millones en salarios a pitchers incapacitados.

Como aficionados al béisbol, nosotros también pagamos, aunque el precio sea más emocional que económico. No es difícil dejarse llevar por la emoción que ha generado Harvey, como tampoco es difícil sentir empatía por aquellos fanáticos de los Mets que están orando porque su joven as se recupere rápido.

La lección para nosotros es que debemos disfrutar de cada lanzamiento que hagan nuestros ases, porque el siguiente no está garantizado.