MILWAUKEE - Resulta que Carlos Zambrano estará bien para la recta final y la postemporada de los Cachorros. Si no fuera así, no pudo haber lanzado el partidazo que realizó el domingo por la noche.

El juego sin hit del venezolano en el Miller Park fue después de no lanzar desde el 2 de septiembre debido a una tendinitis en el manguito rotador. ¿Qué significó todo esto?

"Significa que estoy de regreso", dijo Zambrano sonriente. "Está de regreso mi brazo."

Nunca se había visto algo semejante. Los Cachorros jugando contra los Astros en el Miller Park de Milwaukee, debido a los efectos del Huracán Ike en el área de Houston. Entonces, de por sí era una serie medio extraña. Pero nada sorprendió más que ver a Zambrano, después de estar adolorido, lanzar el juego de su vida.

Los Astros habían ganado seis al hilo y 14 de sus últimos 15 encuentros. Entonces, era un conjunto encendido de Houston vs. un Zambrano algo "oxidado". No parecía una receta positiva para una actuación dominante del pitcheo, para algo histórico. Pero ocurrió eso mismo.

No se requirieron de grandes jugadas defensivas, porque en raras ocasiones los Astros le dieron bien a la bola. Geoff Blum abrió el octavo inning con una "semi-línea" al jardín derecho, pero Mark DeRosa tuvo un buen brinco y le llegó a la bola con cierta facilidad.

"Fue el único batazo con posibilidades legítimas de caer de hit", dijo el manager de los Cachorros, Lou Piniella.

De hecho, fue uno de sólo dos batazos que salieron del cuadro ante Zambrano. El otro fue un elevado de rutina al jardín derecho del dominicano Miguel Tejada. Esto fue un dominio total y completo. Zambrano acabó con el lineup de los Astros en tres ocasiones no sólo con comando, sino también con eficiencia. Dio una sola base por bolas-a Michael Bourn en la cuarta entrada-y le dio un pelotazo a Hunter Spence en la quinta. Ponchó a 10 y necesitó de apenas 110 lanzamientos para completar su obra maestra.

Tal vez el descanso de 12 días era lo único que le hacía falta. Se sabía que algo estaba pasando cuando las rectas de Zambrano salían a 97 y 98 millas por hora en el radar del estadio en el primer episodio. Y con el slider venenoso de siempre y una buena recta de los dedos separados, fue una combinación imbateable.

"Tenía todo funcionando bien desde el primer lanzamiento", dijo Piniella. "Sabías que el brazo estaba vivo y la bola le salía de la mano con facilidad."

"Sus envíos estaba bien pesados", dijo el catcher boricua de los Cachorros, Geovany Soto. "Estaba tirando bien."

Y, como notaron tanto el piloto como el receptor de Chicago, Zambrano mantuvo la calma. En ciertos momentos ha sido un tema preocupante para el venezolano, pero en esta noche, no sólo tuvo comando de sus pitcheos, sino también sus emociones.

"Se calmó", dijo Soto. "Si no le cantaba un strike que quería, no salía de sus casillas."

Zambrano sabía que estaba tirando bien, y no trató de engañar a nadie diciendo que no supiera que tenía un no-hitter en curso.

"Estuve pensando en eso durante todo el partido", dijo Zambrano. "Estaba viendo la pizarra en cada entrada."

Se mantuvo bien durante todo el trayecto. Fue evidente con el último lanzamiento del partido, cuando le hizo lucir mal al veterano Darin Erstad, quien se ponchó tirándole a un pitcheo que al final se rompió hacia afuera.

El hecho de salir a lanzar el noveno inning sabiendo que aún podía retar a los bateadores fue clave, dijo Zambrano. Dos rodados y un ponche demostraron eso.

Después de su joya, Zambrano se vio algo cohibido, con bastante humildad.

"Estoy un poco confundido ahora mismo", expresó "El Toro". "Aún no lo creo."

Le dio gracias a Dios ante muchas de las preguntas después del partido, y en algún momento hasta le dio las gracias al Miller Park por ser un lugar tan bonito. Es decir, acababa de lanzar un juego para el recuerdo, pero se mantuvo humilde en su reacción a su gran logro.

Carlos Zambrano es uno de esos lanzadores para quien un no-hitter siempre era una posibilidad. Ya había tirado dos juegos de dos hits. Pero el momento de esta hazaña fue exquisito para los Cachorros y sus fanáticos. Para los que estaban preocupados por la forma en que había tirado el venezolano en agosto, o por los dolores en el hombro, este juego fue justo lo que necesitaban ver.

"Big Z" está de regreso, definitivamente. Los Cachorros también. Después de perder ocho de nueve, llevan tres victorias consecutivas y le llevan 7.5 juegos a los Cerveceros en la División Central de la Liga Nacional, faltando apenas 15 partidos por jugarse.

Y Carlos Zambrano, el as del equipo, no sólo volvió en plena salud, sino que volvió mejor que nunca.